El injerto es una técnica de propagación vegetativa (no reproducción) artificial de las plantas, en la que una porción de tejido procedente de una planta, es decir, la variedad o injerto propiamente dicho, se une sobre otra ya asentada, de forma que el conjunto de ambos se desarrolle y crezca como un solo organismo.
Este método es muy común en el cultivo de árboles y el olivo no es una excepción. El injerto en olivos es una técnica muy antigua que permite la multiplicación clonal de una variedad y el cambio varietal sobre un patrón ya establecido (Rallo et al., El cultivo del olivo, Mundi-Prensa; FAO, Olive propagation manual), además de que sirve para cambiar la variedad en individuos adultos y aprovechar su buena estructura para nuevos usos.
La clave para conseguir lo que buscamos radica, fundamentalmente, en la época en la que se lleve a cabo.
Tradicionalmente, los mejores momentos para injertar olivos son finales de invierno y primavera, coincidiendo con el inicio dela actividad cambial y el movimiento de savia (Rallo et al., El cultivo del olivo; Barranco et al., Variedades de olivo en España, Junta de Andalucía). Se trata de épocas en las que la corteza se separa con facilidad y se favorece la formación de callo en la zona de unión (Hartmann & Kester, Plant Propagation: Principles and Practices), lo que le permite a la planta disponer del tiempo suficiente para establecer la unión vascular entre patrón ei injerto (Hartmann & Kester).
También se puede realizar cuando el árbol presenta suficiente vigor y diámetro adecuado en la zona de inserción (Rallo et al., El cultivo del olivo), en cuyo caso es recomendable llevarlo a cabo en ejemplares que hayan cumplido, al menos, dos años; en este caso, en función del estado del árbol o de su estructura y edad, el injerto se puede efectuar en ramas principales o secundarias.
Las técnicas más utilizadas para realizar un injerto en olivo con éxito son el injerto de púa, el injerto de escudete y el injerto de chapa (Rallo et al., El cultivo del olivo; FAO, Olive propagation manual).
El injerto de púa en olivos se lleva a cabo con ramas de injerto de al menos un año de vida, procedentes de madera bien lignificada del crecimiento anterior (Hartmann & Kester). Para ello, a la rama que va a ser injertada se le da forma de punta para insertarla ‘como una púa’ en el árbol de destino.
En este caso, el injerto no requiere necesariamente realizarse cerca del suelo ni cubrirse con tierra; lo habitual es proteger la zona de unión con mástic o cinta para evitar desecación (Rallo et al., El cultivo del olivo; Hartmann & Kester).
Si se hace en altura, hay que cubrir el punto de injerto con betún o mástic cicatrizante para evitar la deshidratación y la entrada de patógenos mientras se forma el callo (Hartmann & Kester).
El injerto de escudete para olivos está pensado para plantas que aún no hayan alcanzado los dos años de vida, aunque también se aplica en ramas pequeñas de ejemplares adultos (Rallo et al., El cultivo del olivo).
Con esta técnica, la rama que se desea injertar consiste en una yema bien formada del crecimiento del año en curso (Hartmann & Kester; FAO, Olive propagation manual).
La unión con el patrón se realiza mediante una incisión enforma de ‘T’ en este último; a continuación, se rodeará con cinta de injertar o material elástico que permita sujeción sin estrangulamiento (Hartmann & Kester) para que el montaje pueda sostenerse el tiempo necesario para que el árbol forme el callo y se establezca la conexión vascular (Hartmann & Kester).
El injerto de chapa en olivos es idóneo para efectuarse en ramas con más de seis centímetros de diámetro de grosor, ya que permite una amplia superficie de contacto entre cambiums y se utiliza con frecuencia en cambios de variedad en árboles adultos (Rallo et al., El cultivo del olivo).
Para ello, tanto las ramas que se van a injertar como las del patrón deben tener un grosor proporcional para facilitar la correcta alineación de los tejidos cambiales, condición imprescindible para el prendimiento (Hartmann & Kester).