Las Plagas Agrícolas: desafíos para la agricultura en tiempos de cambio climático

Las Plagas Agrícolas: desafíos para la agricultura en tiempos de cambio climático
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La FAO define plaga como “cualquier especie, raza o biotipo vegetal, animal o agente patógeno dañino para las plantas o productos vegetales”, según la NIMF 5 · Glosario de términos fitosanitarios de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria. Estas plagas pueden incluir insectos, ácaros, nematodos, hongos, bacterias, virus y malas hierbas que afectan negativamente a los cultivos y plantas ornamentales. 

¿Cómo afectan las plagas a la agricultura?

 

Pérdida de la cosecha 

Un estudio publicado en Nature Ecology & Evolution estimó las pérdidas de rendimiento causadas por plagas y patógenos en cinco cultivos básicos —trigo, arroz, maíz, patata y soja—, con rangos globales aproximados de entre el 8,1% y el 40,9% según cultivo.

A medida que se agraven los efectos del cambio climático, estas pérdidas podrían aumentar debido a una mayor incidencia y propagación de las plagas.


Pérdidas económicas

Los daños causados por las plagas en los cultivos pueden tener importantes repercusiones económicas para los productores.

Estos daños pueden debilitar o incluso acabar con las plantas y causar graves daños en los productos reduciendo la cantidad producida y/o su valor comercial.

 

Transmisión de enfermedades en los cultivos

Algunas plagas, especialmente los insectos fitófagos, pueden actuar como vectores de enfermedades (virus y bacterias) que afectan a los cultivos.

 

Riesgo para la salud

Las toxinas producidas por ciertas plagas en alimentos y piensos, como las producidas por hongos (micotoxinas), pueden representar un riesgo para la salud de las personas y los animales.

 

Aumento de costes

El control de plagas implica invertir en productos fitosanitarios y técnicas de manejo, lo que puede elevar los costes de producción.


Pérdida de biodiversidad

Algunas plagas invasoras pueden alterar el equilibrio de los agroecosistemas y afectar a especies beneficiosas, como polinizadores y depredadores naturales, y  poner en peligro a plantas cultivadas y silvestres que no están preparadas para enfrentarlas.

Este impacto puede reducir la diversidad biológica, afectando a la producción de alimentos y a la estabilidad de los ecosistemas agrícolas. 

Pistacho, chinche

 

Principales desafíos de la agricultura en el control de plagas

 

Aumento de la presencia de plagas

Los cambios en los patrones climáticos afectan directamente a las poblaciones de plagas.

El aumento de las temperaturas prolonga su temporada de actividad, lo cual incrementa la presión sobre los cultivos durante períodos más largos.

Los inviernos suaves registrados en los últimos años favorecen la persistencia y multiplicación de poblaciones en épocas en las que tradicionalmente se registraba menor presión de plagas por las bajas temperaturas.


Distribución geográfica

La creciente globalización del mercado en los últimos años, junto con el aumento de las temperaturas, ha facilitado la dispersión y establecimiento de plagas en zonas donde antes no eran comunes.


Resistencias de las plagas

El uso repetido o inadecuado de productos fitosanitarios con el mismo modo de acción puede provocar que ciertas poblaciones desarrollen resistencia a esos productos, complicando aún más su manejo.


Restricciones normativas, disponibilidad de materias activas y productos fitosanitarios

Las normativas ambientales, cada vez más restrictivas, están limitando la disponibilidad de productos fitosanitarios, lo que en ocasiones dificulta la búsqueda de opciones efectivas para el control de plagas.

 

Según el informe de la FAO titulado Revisión científica del impacto del cambio climático en las plagas de las plantas, el cambio climático supondrá un reto para la comunidad fitosanitaria internacional y su capacidad para reaccionar de manera rápida y efectiva.

Por ello, desde una perspectiva agrícola, será necesario desarrollar estrategias para proteger nuestros cultivos de manera eficiente y respetuosa con el medio ambiente, sin comprometer la conservación de la biodiversidad ni la preservación de recursos como el suelo o el agua.

Concretamente,  la Gestión Integrada de Plagas (GIP) puede suponer  una estrategia eficaz para reducir la dependencia exclusiva del control químico y mejorar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas. 

Publicado el 03/07/2026