En Veolia somos muy conscientes de que el agricultor se encuentra en la primera línea de defensa frente al cambio climático, siendo su actividad la más sensible a efectos del entorno. Su prosperidad depende intrínsecamente de un medio ambiente sano, lo que lo convierte en un actor clave y socio esencial en la lucha contra la emergencia climática.
En 2030 se prevé que 8.500 millones de personas habiten nuestro planeta, lo que supondrá un 50% de incremento de la demanda mundial de alimentos, según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Para satisfacer esta demanda sin causar un impacto medioambiental mayor y, a su vez, contribuir de forma activa a la lucha contra el cambio climático, es imprescindible que el sector siga adoptando medidas sostenibles.
Ante esta realidad, no es difícil pensar que el reto de la agricultura es enorme. Aunque también es cierto que se están poniendo en práctica un conjunto de soluciones, mayoritariamente vinculadas al uso responsable de las explotaciones agrarias, que pueden incidir positivamente en el medio ambiente de forma mucho más decisiva.
Las principales soluciones al impacto ambiental de la agricultura son:
El aumento del carbono orgánico del suelo es una de las principales estrategias de mitigación y adaptación. Prácticas como la siembra directa, el mínimo laboreo y el uso de cubiertas vegetales pueden contribuir a reducir la erosión y mejorar la estructura y fertilidad del suelo [FAO 2021].
La rotación de cultivos también reduce riesgos de degradación y mejora la estabilidad productiva. El uso de leguminosas favorece la fijación biológica de nitrógeno, lo que puede disminuir la dependencia de fertilizantes minerales. No obstante, no elimina por completo la necesidad de fertilización, que debe ajustarse a balances reales de nutrientes [FAO, Soil Fertility Management].
La optimización del uso de fertilizantes y productos fitosanitarios es clave para reducir emisiones de óxido nitroso (N₂O) y la contaminación de suelos y aguas.
No se trata de eliminarlos sino de aplicar una gestión basada en diagnóstico agronómico y eficiencia, ajustando las dosis a las necesidades reales del cultivo. La gestión integrada de plagas permite, además, reducir el uso de fitosanitarios sin comprometer la productividad.
La aplicación de tecnologías de agricultura de precisión permite ajustar insumos (agua, energía, fertilizantes y fitosanitarios) a las necesidades reales del cultivo y del suelo. Estas prácticas pueden reducir consumos y emisiones, aunque los ahorros dependen del cultivo, el clima y el sistema de riego
Además de la reducción del impacto ambiental, la agricultura de precisión puede mejorar la productividad y la rentabilidad.
Uno de los principales retos sigue siendo su accesibilidad económica y técnica, especialmente para explotaciones de menor escala.
La mejora genética vegetal es una herramienta clave para aumentar la resiliencia frente a sequías, olas de calor y eventos extremos, siempre que se combine con prácticas agronómicas adecuadas.
No debe plantearse como solución aislada sino integrada en sistemas productivos adaptados al contexto climático local.
En la actualidad podemos afirmar que la agricultura sostenible es perfectamente compatible con una gestión integral responsable de los recursos hídricos. Algunas medidas que podemos implementar al respecto son:
Por ejemplo, tratar los suelos de forma sostenible reduce el consumo de combustibles y prolonga la vida útil de la maquinaria.
Desde hace años, en Veolia apostamos por una agricultura sostenible, orientada a la eficiencia real de recursos, la reducción de riesgos y la mejora de la competitividad de las explotaciones agrícolas. Ofrecemos soluciones agrícolas de alto valor añadido para producir más, mejor, con menor coste e impacto medioambiental.
¡Disfruta de las ventajas de una agricultura más sostenible y más competitiva!